Lecciones de cocina 1: el miedo
Una de las cosas que aprendí pronto en la cocina, fue a través del miedo. No recuerdo qué edad tendría exactamente, pero entre 12 y 15 años seguro. Se me ocurrió hacer unos huevos fritos. Puse el aceite a calentar en una sartén y, cuando ya empezaba a calentar, recordé los huevos fritos que hacía mi madre después de preparar la carne, que quedaban con muy buen gusto. Como en la nevera había un resto de carne con su jugo, cogí una cucharada de ese jugo frío y lo puse en la sartén con el aceite.
El resultado: el aceite empezó a saltar con violencia y se convirtió en una columna de fuego que llegaba hasta la campana de la cocina. Cuando dicen que en momentos de peligro la vida pasa delante de tus ojos, pues es verdad. No sé cuánto tiempo duró, aunque imagino que no tardé mucho en reaccionar. Mi inexperiencia me convertían en alguien absolutamente inútil ante esta situación, así que hice lo que mi instinto me obligó: retirar la sartén del fuego, apagar el gas y poner la sartén en llamas dentro del fregadero. La columna de fuego desapareció y hasta ahí llegaron mis ganas de seguir friendo huevos. Se me pasó el hambre y tardé bastante más en templar los nervios.
El recuerdo es bastante ingrato, sobre todo cuando pienso en lo que podría haber pasado. No obstante, con esa experiencia aprendí a comprender el efecto que tenía el aceite caliente y lo que podía provocar la mala gestión de este recurso. Si bien es cierto que tardé tiempo en volver a freír (y es verdad que lo hago muy poco, porque evito dentro de lo posible el exceso de aceite en la comida), tuve que aprender a controlar el miedo y seguir adelante. Lo mismo que pasa al cortarse con un cuchillo o caerse de una bicicleta. Mientras antes sea la recuperación y la normalización de la actividad accidentada, mejor para uno.
La cocina no es un lugar para tener miedo, pero sí un lugar en el que hay que saber que hay cosas que no funcionan bien juntas: el aceite caliente con el agua o las cosas frías, no son los mejores aliados. Así como el caramelo hirviendo es un peligro, un mal cuchillo de cocina es más peligroso que muchas otras cosas. Lo importante es aprender a manejarse con soltura, evitar pre-ocuparnos, y ocuparnos en lo que realmente importa: cocinar.



posted by Manolo on 25 febrero, 2013
Un profesor mío de química decía, con mucha razón, que siempre ha de estar “él sobre ella”. El aceite frío sobre el agua caliente, el ácido sobre la base y otro ejemplo evidente que también puede ser incendiario…